Banco central, sin presiones

La semana pasada se llevó a cabo la quinta reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico). Además de dejar sin cambios la tasa de interés de política monetaria (4.5 por ciento), lo más relevante del comunicado que acompañó esta decisión fue el señalamiento de que el balance de riesgos continuó mejorando durante el lapso comprendido entre la cuarta y esta reunión.

Pese a ello, identifica algunos riesgos, sobre todo por el lado externo, relativos a la crisis financiera de algunos países europeos, y en el interno, los relacionados con un posible repunte de los precios de los productos agropecuarios.

En tal sentido, bien podría decirse que el Banxico sigue mostrándose optimista sobre el futuro de la inflación, y no es para menos. La inflación anual, como se sabe, bajó a 3.28 por ciento en junio, muy cerca del objetivo de 3 por ciento.

Esto ha implicado una fuerte reducción de las expectativas de la inflación para el cierre de este año, mismas que de acuerdo con los resultados de la última encuesta del Banxico se ubicaron en 3.56 por ciento, mientras que las de los subsiguientes años se mantuvieron prácticamente sin cambios.

Por otra parte, el Banxico indica que al parecer ha bajado la posible presión sobre el crecimiento de los precios que podría implicar el cierre de la holgura que existe entre la oferta y la demanda en la economía.

Señala, en tal sentido, que el ritmo de la actividad económica parece haberse desacelerado, debido a los efectos sobre el abasto de insumos de los desastres naturales en Japón, por lo que espera que la brecha del producto se cierre a una velocidad menor a la prevista y, por tanto, no se esperen presiones generalizadas sobre los precios de la economía.

Entre los factores que podrían afectar esta percepción se encuentran, por un lado, una posible abrupta depreciación del tipo de cambio, asociado al agravamiento de la situación financiera de algunos países europeos; y, por el otro, el repunte de los precios de algunos productos agropecuarios, una vez finalizada la temporada de baja de éstos.

Respecto al primero, lo acontecido durante la semana pasada con las valoraciones de riesgo soberano de los países europeos de la periferia bien podría ser un indicador de la gravedad y, por tanto, de la alta probabilidad de ocurrencia de este evento.

Después de que en la semana anterior se dieron un conjunto de avances coordinados entre el gobierno de Grecia, los bancos acreedores y las autoridades financieras del FMI, BCE y la Unión Europea, que llevaron a la aprobación del quinto y último desembolso del primer paquete de ayuda financiera a ese país, y dejaron expedita la discusión y posible aprobación de un nuevo paquete de ayuda, esta vez por 80 mil o 90 mil millones de euros, la calificadora de riesgos Moody's Investor dio al traste con ellos al bajar fuertemente la calificación de la deuda soberana de Portugal, señalando además que iba a ser necesario aprobar un nuevo paquete de apoyo financiero.

Esto, como era de esperarse, lleva a las tasas de interés de Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España a nuevos máximos, poniendo en riesgo los rescates de todos estos países.

Lo preocupante de este evento es que ahora sí los efectos se ven más claros sobre España e Italia, por lo que deberían ser objeto de una mayor preocupación, no sólo por parte de los inversionistas, sino también de las autoridades.

En caso de un agravamiento de la situación financiera de cualquiera de estos países, cabría esperar una astringencia crediticia a nivel mundial y el cambio en el sentido de los flujos de capital, que buscarán refugio en activos seguros, como puede ser el dólar y los bonos estadounidenses.

Esto provocaría la apreciación del dólar y la depreciación del resto de monedas del mundo, incluido el peso. En tal caso, dependiendo de la magnitud y duración de la depreciación, la inflación podría resentir algunos efectos negativos.

Por lo que se refiere a un posible repunte de los precios de los productos agropecuarios, el resultado de la inflación de la segunda quincena de junio ha dado una primera señal de alerta. Ésta se ubicó en 0.19 por ciento cuando en la quincena anterior fue de menos 0.05 por ciento.

Tal resultado muestra varios aspectos interesantes. En primer lugar, la finalización de la estacionalidad de baja de los precios de algunos productos agropecuarios. En segundo, que el inicio de la temporada de alza al parecer ha sido mucho más drástico que en periodos similares de años anteriores. Así, por ejemplo, el aumento de los precios de las frutas y verduras en su conjunto fue el más alto desde 2004.

A lo anterior habría que agregarle la persistencia de la presión del aumento de los precios de los alimentos procesados, que al parecer en la segunda quincena de junio observó un agravamiento, sobre todo en lo que se refiere al precio de la tortilla, que como se recordará no sólo está resintiendo el efecto del aumento en el precio mundial de los granos, sino también la pérdida de las siembras en la zona de Sinaloa, provocada por las lluvias de principios de año. Visto así, es de esperar que en la minuta de la reunión de la semana pasada se ahonde en este tema.

Fuente: El Financiero

 

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